PERSONAS QUE CUIDAMOS DE PERSONAS

Cruzar las puertas del servicio de urgencias de un hospital en un momento de crisis suele dar vértigo. En este ecosistema tan complejo, en el que en un mismo espacio y tiempo «conviven» personas con biografías muy diferentes, comparten un denominador común, la vulnerabilidad. Vulnerabilidad de pacientes y personas cuidadoras. Desde esta perspectiva, tal vez, el principio del cambio, sea entender que «somos personas que cuidamos de personas». Y para eso se tienen que crear las condiciones que posibiliten este cambio.

En este sentido, las organizaciones también deberían de dar respuesta a la vulnerabilidad de los profesionales en estos servicios. Servicios que cada vez soportan más presión asistencial. Profesionales que cada vez soportan más presión y sus consecuencias. Y pacientes y familiares que en este contexto de presión, perciben que su atención tiene mucho margen de mejora, más allá de un diagnóstico y tratamiento certero que son esenciales.

Así las relaciones empáticas, sentirse escuchado, dar respuesta a la incertidumbre de la espera, con una información actualizada y con un lenguaje adaptado a cada persona, flexibilizar el acompañamiento o intentar preservar la intimidad, privacidad y confort, se convierten también en piezas claves para la mejora de la atención. Sin olvidar, que cuidar a los profesionales es condición necesaria para poder cuidar: recursos humanos y materiales adecuados a las necesidades del servicio, reconocimiento por parte de la organización, comunicación efectiva y trabajo en equipo con un liderazgo auténtico.

Y es ahí, donde la humanización de los SUH, como proceso, tiene mucho que aportar. Es ahí, donde el Manual de Buenas Prácticas del Proyecto HURGENCIAS, es una herramienta facilitadora para el cuidado de personas: pacientes, familiares y profesionales. SEGUIMOS!!!